Daniela Ibáñez Mosquera
Artista - Antropóloga
Etnografías del agua (2025)
preludio
La promesa feminista post-humanista podría enunciarse como un compromiso, una alianza, una aliada en sí de la ética material. Resueno desde allí, al oír palpitar mi corazón, sentir mi sangre correr por mis venas, vísceras, matriz. Identificando también cómo el agua que fue dirigida y navegada desde algún lugar·nacimiento del planeta, vino a ser encausada en mi boca, digerida, absorbida, encarnada y, a su vez, hecha orina, agua-rastro de esta vida en este cuerpo en esta ciudad en esta región en este mundo… identificando el sonido y expansión en cada pálpito-muerte, surge un llamado al cuidado, que no es nada más que el llamado del agua, de lo que esta materia ofrece y codifica.
Desde una perspectiva material nutrida en el mundo de las artes, he comprendido al agua –ella me ha mostrado– en su carácter unificador propio de su corporalidad. Medio para todo aquello que en apariencia vemos como duro, estructural, dado y punzante. En alguna otra reflexión que he tenido/escrito-estricto/sentido he podido contactar con hallazgos de primera mano (mano a mano con el cuerpo sumergido en el barro, con los dedos arrugados y la nariz que pica pero que debe esperar a ser rascada por algún otro –persona o elemento a proximidad–). A la vasija de barro se le olvidó que fue el agua quien la moldeó. El mundo (o nuestra comprensión sobre lo que definimos como mundo) se hizo límites, bordes, filos tajantes. Y este mundo y junto a todo lo que pensamos, el sentir se vuelve institución y el saber un compartir. Astrida Neimanis, teórica sobre los cuerpos de agua, me ayudó a cuestionar la idea/sensación de BORDE la cual, siguiendo su postura, tiene origen en la mentalidad, o el marco marco, MARCO teórico antropocéntrico, falocéntrico y autónomo. En donde la prevalencia y autoridad del YO son el faro lumínico esencial y base de todo conocimiento.
Desde esta perspectiva material de cuidado, la cual he venido a llamar ética material, llego a Canto al agua, 2025, al territorio que se configura en Santa Sofía Boyacá, a sentir sus movimientos y en contacto con Maria Elvira, Jahel, Alejandra y diferentes actores sofileños. Hoy formando un grupo llamado: acupuntores.
camino
En este encuentro entre las antropologías, las artes y la ética material, posiciono el proceso vivido en la cascada del Hayal de Santa Sofía, con las provocaciones ofrecidas por el equipo dentro del marco ritual, junto a una propuesta etnográfica que no desea separar la experiencia del saber o el cuerpo de la mente. Su metodología siguió 3 preguntas: ¿qué es lo que la materia del agua provee para los procesos de sanción comunitario?¿Cuáles son sus movimientos? y ¿por qué reunirnos alrededor del agua?
Para responderlas o iniciar a comprenderlas, sin necesidad de una respuesta estricta, hay que estar presentes, CORRESPONDER, y moverse con y junto a la materia -preguntarse de dónde viene, dónde está y para donde va-. Tomando en serio estos movimientos, y junto al compromiso de seguir cada uno de estos, empezamos a cuestionar y a re-evaluar lo que pensamos saber: no solo de las profundidades del agua sino de los espacios comunitarios y su extensión, todo gracias a sus sensibilidades tangibles.
Este registro sensible que están viendo, es la suma de capas del mundo que se abre. Un mundo antropológico, un mundo plástico que no desea separarse para academizarse, pues entiende que la recolección o estudio de modos de vida, y el medio para procesarlos, compartirlos, integrarlos y transformarlos, sucede en el mismo lugar de la experiencia humana y corpórea. Desde esta invitación, el “producto” final no busca representar, sino prolongar la experiencia, devolviéndole a la vida social y tangible una respuesta bajo sus mismas materialidades. Situándose en Canto al agua 2025 en Santa Sofía Boyacá, condensamos sus imágenes, cantos, silencios y voces que se entrelazan para formar un archivo afectivo presto a mutar. Lo colectivo fue condición esencial: el acompañamiento, el entretejido de presencias, los múltiples cuerpos que resonaban alrededor del agua dieron forma a una vivencia plural.
llamado
Desde la ética material y bajo la premisa de registrar las acciones “desde la mirada en la matriz” pues es allí desde donde se graba el material, en la que son las materias mismas, el lugar y la acción las que posibilitan conocer, o al menos atisbar, lo que sucede. En este caso: el agua y el territorio que es avivado por el mismo. Es esta ética frente a cómo investigamos la vida que se invita a replantear los ejercicios etnográficos o vivenciales donde se busca, fundamentalmente, estudiar un mundo que no se necesita separar y fracturar para comprenderlo.
Es así como El cuerpo se compromete con la materia, ver se vuelve caer y escuchar elevarse.











